miércoles, 14 de diciembre de 2016

Como convertirnos en personas resilientes





Como convertirnos en personas resilientes
Lina Toro


 

A veces la vida nos pone a prueba, nos plantea situaciones que superan nuestras capacidades: una enfermedad, una ruptura de pareja particularmente dolorosa, la muerte de un ser querido, el fracaso de un sueño largamente anhelado, problemas económicos… Existen diferentes circunstancias que nos pueden llevar al límite y hacer que nos cuestionemos si tenemos la fuerza y la voluntad necesarias para continuar adelante. En este punto tenemos dos opciones: dejarnos vencer y sentir que hemos fracasado o sobreponernos y salir fortalecidos, apostar por la resiliencia.


La resiliencia es la capacidad para afrontar la adversidad y lograr adaptarse bien ante las tragedias, los traumas, las amenazas o el estrés severo.

Ser resiliente no significa no sentir malestar, dolor emocional o dificultad ante las adversidades. La pérdida del trabajo, problemas financiero serios, etc., son sucesos que tienen un gran impacto en las personas, produciendo una sensación de inseguridad, incertidumbre y dolor emocional. Aun así, las personas logran, por lo general, sobreponerse a esos sucesos y adaptarse bien a lo largo del tiempo.

El camino que lleva a la resiliencia no es un camino fácil, por el contrario implica un considerable estrés y malestar emocional, a pesar del ello, las personas sacan la fuerza que les permite seguir con sus vidas frente la adversidad o la tragedia. Pero, ¿cómo lo hacen?.


La resiliencia no es algo que una persona tenga o no tenga, sino que implica una serie de conductas y formas de pensar que cualquier persona puede aprender y desarrollar.

La resiliencia es la capacidad que todos tenemos de adaptarnos y afrontar las situaciones menos favorables. Un concepto bien conocido por la psicología pero poco explorado por el ser humano en general.

La resiliencia es una herramienta que todos los seres vivos tienen a su disposición aunque de formas diferentes.

Es una herramienta con la que es posible afrontar los malos tiempos y sobrevivir. Un invento maravilloso de la naturaleza gracias que a pesar de estirar mucho la cuerda de nuestras emociones, ésta no llega a partirse.

Sin embargo, parece que hay personas a las que les cuesta menos resistir o afrontar los malos tiempos. O quizás el esfuerzo sea el mismo, pero la actitud que se toma es diferente.

La resiliencia forma parte de un complejo mecanismo en el que influyen otros muchos factores como, por ejemplo, la actitud que tomamos frente a un problema y quizás por esto, algunas personas parecen afrontar de una manera distinta, con más facilidad, las situaciones conflictivas o desagradables.

Características de las personas resilientes:

1. Son capaces de detectar la causa de los problemas


Las personas resilientes llevan a cabo las estrategias necesarias para evitar que la situación problemática vuelva a repetirse nuevamente. Esto implica también auto-analizarse, ya que a veces el detonante de un conflicto no proviene del exterior, sino de nuestro interior.

2. Saben manejar sus emociones


Las personas resilientes son capaces de manejar sus pensamientos, ya que cualquier emoción parte de aquí. Pensamos, luego sentimos.

Las personas resilientes controlan sus pensamientos para no dejarse llevar por los que tienen una carga negativa y que, por ende, tienen capacidad para generar emociones negativas.

3. Mantienen la calma en situaciones de mucha presión


Todos atravesamos momentos difíciles a lo largo de nuestra vida y lo importante es saber mantener la calma cuando éstos se presentan. Las personas resilientes son capaces de estar centradas y tranquilas, cuando se encuentran en una situación de caos y confusión momentáneas.

4. Son realistas


Mucho y mal se ha hablado sobre el optimismo, generando la idea global de que ser positivo implica negar ciertos aspectos de la realidad que son inevitables y están presentes en la vida de muchas personas.

Ser realista pero esperar siempre lo mejor es la mejor manera de describir el optimismo característico de las personas resilientes.

5. Confían en sí mismas


Las personas resilientes tienen confianza en su valía y en su competencia para superar las adversidades.

Lo que nos decimos es lo que termina formando nuestra realidad, así que si creemos que no somos capaces de superar un obstáculo, desde luego no lo seremos.

6. Son empáticas


Las personas con mayor capacidad para afrontar los problemas de una forma correcta saben leer las emociones de los demás, comprender lo que sucede a su alrededor y actuar en consecuencia.

7. Son capaces de auto-motivarse


No todas las personas somos iguales. A algunas nos motivan los retos y a otras las oportunidades de cambio.

Las personas resilientes saben buscar nuevas formas de obtener satisfacción de la vida. Mantienen la motivación siempre alta y son capaces de detectar y atraer cosas positivas a sus vidas.

8. No se preguntan por qué, sino cómo


Una de las características clave de las personas que tienden a derrumbarse fácilmente ante los problemas es que se dejan llevar por pensamientos de reproche, donde se cuestionan constantemente por qué la situación negativa que les angustia les ha sucedido a ellos.

10 pasos para desarrollar la resiliencia

Tener capacidad de resiliencia no es algo extraordinario, se puede apreciar en gente común que demuestra una capacidad de recuperación admirable ante los golpes duros de la vida. Ser resiliente no es sinónimo de ser una persona fría o calculadora, nada más lejos de la realidad.

La resiliencia es una capacidad que nos orienta al futuro, a la esperanza y a la fuerza. Pero ante todo nos orienta hacia la acción. La resiliencia puede ser aprendida, no es un rasgo de personalidad que se presente en algunas personas y otras no.

Ser resiliente significa que pese al dolor y las circunstancias adversas, una persona es capaz de seguir con su vida sin perder el control o sentirse desbordada o incluso, empezar de nuevo cuando todo ha salido mal.

Hay muchos factores que contribuyen a tener resiliencia, uno de los principales es tener relaciones significativas con el medio que nos rodea, a través de nuestros familiares, amigos. Otro factor es la capacidad de hacer planes realistas, diseñar bien los pasos a seguir en ellos, tener una visión positiva de uno mismo o la capacidad para manejar fuertes emociones o impulsos.

Lo bueno es que aunque nos parezca complicado todas estas habilidades pueden desarrollarse y aprenderse. Por lo tanto, no algo que solo sea accesible a unos cuantos, todos en algún momento de nuestra vida podemos ser resilientes. A continuación los pasos para desarrollar la resiliencia:

  • Establecer buenas relaciones con el entorno: pensar en familiares, amigos, compañeros de trabajo o incluso en los padres de los hijos que juegan con los nuestros. Establecer un círculo social que  haga percibir que nuestro tiempo está bien empleado y que somos una pieza importante en nuestro entorno.
  • Aceptar que el cambio es algo imprescindible para la vida: no hay evolución sin cambio y aunque no quisiéramos evolucionar en nada, el cambio se producirá. Por tanto, que nos adaptemos al cambio nos va a ayudar a poner en marcha estrategias más dinámicas y a diferenciar las circunstancias de la vida inmodificables de las que sí son modificables para poder mejorar aquello que queremos.
  • Evitar tomar las crisis de la vida como problemas insuperables: no podemos evitar que lo eventos altamente estresantes aparezcan en la vida, pero podemos mejorar la reacción con ellos. Tratar de ampliar la visión y ser consciente de que la mayoría de estresantes son temporales, no fijos o permanentes. Si lo son, diseñar un plan de organización y actuación.
  • Establecer pequeñas metas que sean alcanzables: si tenemos una gran meta en el horizonte, la forma de llegar a ella no es corriendo, tenemos que ir poco a poco, estableciendo pequeñas metas realistas. Seamos conscientes de hasta dónde podemos llegar porque “el que mucho abarca, poca aprieta“. Si somos capaz de ir cumpliendo algunas, sintámonos bien con nosotros mismos. Ya estamos en el camino.
  • Cultiva una visión positiva de nosotros mismos: La autoconfianza en las capacidades personales y la actitud positiva contribuyen a formar una actitud resiliente.
  • Autodescúbramonos: quizás después de un duro golpe sintamos la necesidad de encontrar nuestra parte más espiritual, de leer, de explorar nuestro cuerpo y mente a través de distintas actividades. Una mente ocupada nos aleja de los malos pensamientos y nos ayuda a establecer unas bases para nosotros mismos que nos  servirán en el futuro.
  • Mantengamos las cosas en perspectiva: que nos haya sucedido algo malo concreto, no quiere decir que nuestra  vida entera está a la deriva, ni que nuestra personalidad y valores lo estén también. Delimitemos bien el problema, para poder detenerlo y evitar que contamine lo bello que hay en nuestra vida.
  • Preguntémonos  que es lo que nos ha hecho salir del “pozo” en otras ocasiones: recordemos situaciones duras por las que hayamos  pasado en nuestra vida y pensemos que fue clave para nuestra recuperación. Si lo tenemos claro, volvamos a ponerlas en marcha porque lo que le ha ido bien a una persona en una circunstancia le puede venir bien en otra.

  • Cuidemos de nosotros mismos: que el trabajo o las ocupaciones no sean lo único que llena nuestro tiempo. Hagamos cosas que nos gusten y con las que podamos disfrutar y sobre todo, descansemos. Pasemos mucho tiempo con la gente que nos hace sentir bien. Desahoguémonos: aunque sean emociones fuertes, exprésalas. La represión emocional puede llegar hasta enfermar a una persona.
 La perseverancia y la confianza serán nuestras aliadas para afrontar el camino. No lo olvidemos.

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.”


-Viktor Frankl.
  

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