miércoles, 8 de febrero de 2017

INTELIGENCIA EMOCIONAL





INTELIGENCIA EMOCIONAL
Lina Toro



El concepto de inteligencia emocional fue popularizado por el psicólogo estadounidense Daniel Coleman y hace referencia a la capacidad para reconocer los sentimientos propios y ajenos. La persona, por lo tanto, es inteligente (hábil) para el manejo de los sentimientos.

La inteligencia emocional implica cinco capacidades básicas: descubrir las emociones y sentimientos propios, reconocerlos, manejarlos, crear una motivación propia y gestionar las relaciones personales.

La Inteligencia Emocional podría definirse como la capacidad que tiene una persona de manejar, entender, seleccionar y trabajar sus emociones y las de los demás con eficiencia y generando resultados positivos.

Es decir, es la habilidad para gestionar bien las emociones. Tanto las nuestras como las de los demás.

Una persona que se enfada con facilidad, que se pone triste con frecuencia o que no es capaz de controlar sus impulsos... es alguien con mala inteligencia emocional. Por el contrario, una persona que se conoce bien a sí mismo, que es capaz de pensar antes de actuar, que entiende sus impulsos, que los expresa con educación siendo sincero pero, a la vez, consiguiendo no afectar negativamente a la gente que le rodea...o que es capaz de sentir las cosas de una forma sana...sería una persona con muy buena inteligencia emocional.

Así mismo, la Inteligencia Emocional nos debe servir para entender las emociones de los demás y saber cómo tratar a la gente que nos rodea de forma que: Estén a gusto a nuestro lado, y no provoquemos emociones desagradables en ellos como ira, tristeza, frustración, etc.

Alguien con una buena inteligencia emocional debería ser capaz de aplicar las siguientes cosas:

Pensar antes de actuar... y no ir a la deriva y a lo "loco" antes de hacer las cosas. Esto no quiere decir que no se viva el momento o que no se disfrute. Esto quiere decir que las emociones y la razón vayan de la mano. Hay que disfrutar, pero también hay que ser capaz de utilizar la inteligencia y analizar las emociones, especialmente cuando hablamos de ira, tristeza o frustración.

Ser empático para poder entender, respetar y manejar las emociones de los demás, haciendo que la gente que nos rodee esté a gusto.

Saber elegir bien las emociones en cada momento, para que nuestro comportamiento sea óptimo. Si, ante una crítica, nos ofendemos y nos enfadamos, estamos eligiendo muy mal las emociones. Si, por el contrario, nos paramos a pensar, analizamos el comportamiento de la otra persona, escuchamos, entendemos su punto de vista, leemos entre líneas y nos damos cuenta de que, el problema ha sido que en nuestro argumento anterior le hemos ofendido nosotros a él/ella, entonces será mucho mejor pedir disculpas y sugerir que la próxima vez nos diga las cosas de otra forma. No es cuestión de ceder, es cuestión de manejar la situación eficientemente. Es decir, causando el mínimo daño. Y el enfado, normalmente es la emoción que más daño genera.

Manejar, conocer y controlar bien las emociones negativas, especialmente en lo que respecta a: ira, tristeza, frustración y ansiedad/estrés.

Vivir una vida con alto grado de motivación y optimismo, creciéndonos ante la adversidad, en vez de viniéndonos abajo.

Ser feliz. La inteligencia emocional, al final debe perseguir la paz interior y la felicidad. Porque lo único que determina nuestra felicidad son las emociones. Si nuestras emociones están geniales, nuestra vida irá genial. Si nuestras emociones van fatal, nuestra percepción de la vida será depresiva, y de fracaso.

Una buena Inteligencia Emocional es IMPRESCINDIBLE para poder ser útil y atractivo para una mujer u hombre. La reactividad no deja de ser un resultado de una pésima inteligencia emocional y ya sabemos que eso es algo nefasto para nuestro Juego Interno y Externo.

Los seres humanos  necesitamos ser muy inteligentes emocionalmente y saber adaptarnos a cada situación, problema y adversidad en la vida, con entereza, optimismo y eficiencia.

5 ejercicios para mejorar nuestra  Inteligencia Emocional

Inteligencia emocional es, sin lugar a dudas, esa dimensión de nuestra vida que todos deberíamos desarrollar y gestionar adecuadamente. Saber escuchar, comprender las emociones ajenas y controlar las propias, saber comunicarnos y fomentar un respeto mutuo donde todos salgamos ganando, es algo esencial.

Es un tipo de inteligencia que debería incluirse en el currículum de las escuelas, para desarrollar en los niños desde edades muy tempranas esas habilidades básicas. La inteligencia emocional es un modo de auto-conocimiento, de auto-control y también de expresividad, de conocer los límites de uno mismo y a la vez, marcarlos ante los demás. Evitando posibles manipulaciones.

Como ya sabemos, no es más inteligente aquel que dispone de un C.I (coeficiente intelectual) más elevado, o el que dispone de un mejor trabajo y se dedica a acumular “cosas”. La verdadera inteligencia es aquella que está asociada con una auténtica felicidad, esa que nos hace estar orgullosos de lo que somos y lo que tenemos. Sea mucho o poco. Así que ¿por qué no poner en práctica estos sencillos ejercicios para mejorar nuestra inteligencia emocional?


1. Conocerse a uno mismo

El conocerse a uno mismo es una aventura que dura toda la vida. Pero que se consigue a su vez, día a día, marcándonos propósitos y haciéndonos preguntas. Este, es un ejercicio de introspección que marcarnos cada mañana. Preguntándonos qué deseamos para el día de hoy y qué para el día de mañana.

Cuando llegue la noche, analicemos cómo nos hemos sentido a lo largo del día. ¿Hemos actuado cómo  deseábamos? ¿Nos hemos expresado, defendido de acuerdo a nuestros propios valores? Podemos servirnos de un papel, o nuestra libreta de pensamientos. Es un ejercicio bien sencillo pero a la vez ilustrativo. Plantearnos preguntas, indaga en nosotros  mismos.

2. Regulación emocional

Pensemos en nuestras  emociones como en una balanza, no vale la pena llegar a los extremos, y menos caer en el drama, porque a largo plazo, siempre acabamos perdiendo. No nos dejemos  manipular, ni acudamos a respuestas cargadas de ira o rabia. Lo ideal es ese término medio. Nunca rocemos los límites de nuestras emociones.

Cuando notemos que estamos a punto de “caer” o de “explotar” visualicemos una pequeña habitación tranquila y aireada. Es nuestro palacio de pensamientos. Antes de actuar, pensemos, razonemos y analicemos la situación. Solo después de haber conseguido esa auto-regulación, tomemos una decisión. Pero primero, pensemos antes de actuar en esa habitación privada que tanta calma nos aporta.

Nadie más tiene control sobre nuestra vida más que nosotros, no lo olvidemos nunca. Así que no permitamos que nos lleven a terrenos ajenos donde perdamos la calma o nuestra identidad. Trabajemos el equilibrio interior.

3. Empatía

La empatía es un concepto que todos conocemos y que valoramos. Pero sin embargo no lo ponemos en práctica tanto como deberíamos. Nos es más fácil ponernos en el lugar de esas personas que más sentimientos positivos nos trasmiten. Nos identificamos mejor con ellas y el nivel de comprensión y acercamiento es más intenso.

Pero ¿y si un día intentamos empatizar con quien más nos incomoda? Pensemos en ese jefe que por ejemplo, tan poco nos respeta, o en esa compañera o compañero que siempre habla mal de los demás y que sólo busca problemas. Intentemos “ponernos en sus zapatos” y tal vez descubramos qué hay detrás de ellos: inseguridad, baja autoestima… puede ser un buen aprendizaje.

4. Automotivación

Puede que hoy no nos apetezca, que no tengamos ganas. Pero a partir de este momento haremos un sencillo ejercicio: vamos a mirar el lado bueno de las cosas, dejando relegado lo negativo. Levantémonos cada día pensando en algo que nos ilusione y que deseemos conseguir.

La vida sin ilusión no es vida. Busquemos una motivación cotidiana.

A veces cualquier insignificancia nos es útil: acabar el día en esa cafetería a la que aún no hemos entrado. Hacer una llamada a esa persona que hace tanto que no vemos,  comprarnos un vestido nuevo, planear una escapada de fin de semana, iniciar un curso de yoga o pintura. Sonreír un poco más…

5. Habilidades sociales

Vamos a intentar comunicarnos un poco mejor. Y no solo mediante las palabras, también con los gestos. Acerquémonos más a las personas que tenemos al rededor, dibujemos una sonrisa, ofrezcamos  una caricia, una palmada en la espalda o un abrazo. Veremos que la reacción de quienes nos rodean, es diferente.

Busquemos y ofrezcamos  emociones positivas, intentemos escuchar un poco mejor a quien tenemos delante y escudriñemos en su mirada. Tal vez descubramos muchas más cosas que con las simples palabras. Pongamos en práctica, desarrollemos nuestra Inteligencia Emocional y seamos más felices, haciendo también felices a los demás.

“Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo… Cualquiera puede empezar de nuevo y hacer un nuevo final”.

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